FAHRENHEIT 451 (Ray Bradbury)


imagesCA9SEC59Ray Bradbury (1920-2012)

El escritor Ray Bradbury, un ícono de la literatura estadounidense que ayudó a popularizar el género de la ciencia ficción con libros como Crónicas marcianas, falleció la noche del martes 5 de junio de 2012, a los 91 años, en Los ÁngelesBradbury nunca fue a la universidad, y de hecho prefería la soledad de las bibliotecas al bullicio de las aulas. “Las bibliotecas me formaron”, dijo alguna vez.

Cuando terminó la escuela secundaria corrían los tiempos de la Depresión, y los estudiantes no podían concurrir a estudiar por falta de dinero, pero él fue a la  biblioteca tres veces por semana durante diez años.

Una prueba irrefutable es Fahrenheit 451, que el autor escribió en la biblioteca de la UCLA. Tuvo que alquilar las máquinas de escribir del salón principal. Quizá por eso no resulte extraño que esa novela sea una de las más apasionadas defensas de la cultura y el libro jamás escrita.

En la última edición de New Yorker, el escritor explicó que su pasión por la ciencia ficción nació en su infancia,  en el otoño de 1928, cuando hojeaba las revistas de ese género en la pensión que tenían sus abuelos en Illinois. Era como una fiebre creativa que lo trastornaba durante días enteros. También influyeron en él la lectura de las primeras historietas en colores de Harrold Foster basadas en Tarzán de Edgar Rice Burroughs. Descubrió además los libros de John Carter de Marte, lo que fue inspirador para sus Crónicas marcianas.

Bradbury se concebía a sí mismo como un viajero del tiempo, aunque estuviera en tierra firme. En abril de 1997 fue invitado a participar de la Feria del Libro en Buenos Aires.
En aquel último viaje al país, visitó a sus amigos Bioy Casares y Aldo Sessa, disertó sobre ciencia ficción y fue distinguido por la Universidad de Buenos Aires con un doctorado Honoris Causa.

Nació el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois. Era el tercer hijo de  Leonard Spaulding Bradbury y Esther Marie Moberg Bradbury.

Por el otoño de 1926 la familia del joven  Ray se mudó de Waukegan, Illinois a Tucson, Arizona,  sólo para volver a Waukegan en mayo de 1927. En el año 1931 empezó escribiendo sus propias  historias.

En 1932, después de que su padre dejó su trabajo como instalador de líneas telefónicas,  la familia de Bradbury se mudó de nuevo a Tucson y otra vez volvió a Waukegan el año siguiente.

En 1934, durante la Gran Depresión, la familia se mudó a Los Angeles  (California), donde se graduó en 1938 en Los Angeles High School. Su educación académica acabó ahí,  pero él la llevó más allá por su cuenta, pasándose las noches en las bibliotecas y escribiendo durante el día.

Vendió periódicos en las esquinas de Los Angeles de 1938 a 1942. La primera historia de Bradbury publicada fue “el Dilema de Hollerbochen,”  aparecida en 1938 en Imagination! , una revista amateur. En 1939, Bradbury  publicó cuatro números de Futuria Fantasia, su propia revista amateur, donde la mayor parte del material era de su autoría. La primera publicación pagada de Bradbury fue  “Pendulum” en 1941 . En 1942 Bradbury escribió “The Lake,” la historia en  la qué descubrió su estilo de escritura distintivo.

En 1943 dejó su trabajó de vendedor de diarios, empezó a escribir a  jornada completa y publicó numerosas historias cortas en las revistas hasta que en 1943 se convirtió en escritor profesional.

En 1945 su historia corta “The Big Black and White Game”  fue seleccionada como Best American Short  Stories.

En 1947 Bradbury se casó con Marguerite McClure, y ese mismo año recopiló su mejor material y publicó como Dark Carnival, su primera colección de historias cortas. Con Marguerite tuvo cuatro hijos. Como dato curioso, nunca obtuvo una licencia de automovilista.

Entre sus obras se encuentran Crónicas marcianas (1950) un clásico lleno de simbolismos, que lleva un prólogo de Jorge Luis Borges; El hombre ilustrado (1951), Fahrenheit 451 (1953), El vino del estío (1957), novela autobiográfica en la que el autor recuerda sus primeros años de infancia; La muerte es un asunto solitario (1985) un homenaje a la novela negra , Zen en al arte de escribir (2002) once ensayos sobre el placer de escribir, que muestra un Bradbury maduro confesando sus secretos.

Ray Bradbury-con cuyo nombre se bautizó un asteroide- introdujo la ciencia ficción al torrente de la literatura universal. Un autor como él no podría haberse ido de otro modo: con el tránsito de Venus frente al Sol aún presente en la retina de millones de personas que crecieron con sus palabras y sus sueños.

FAHRENHEIT 451

Es una de las utopías más negra, horrorosa y apocalíptica que nos ha ofrecido la literatura de ciencia-ficción. En esta obra insuperable, Bradbury nos describe una sociedad en la que los libros y la lectura están proscritos, en la que impera el culto al hedonismo puro y duro y en el que los poderes públicos persiguen sañudamente a todo aquel que posea libros, a todos los que todavía, a escondidas, se entregan al nefasto vicio de la lectura. En el país descrito por el autor hay que ser feliz por decreto, y la gran mayoría de la gente lo es.

Claro que se trata de una felicidad vacua, implantada en los débiles cerebros de las masas a través, sobre todo, de la televisión. Leer obliga a pensar por uno mismo, y por lo tanto, impide ser estúpidamente feliz. Por eso leer es un crimen severamente castigado por las leyes. Esa conducta asocial debe ser erradicada como sea, a fin de que los nuevos apestados, los que no sólo osan leer, sino que además tratan de que otros lean, no contaminen al resto con sus perniciosos hábitos. 

Montag, protagonista de esta inmortal historia, es un bombero. Pero en este mundo de pesadilla los bomberos ya no son lo que eran. Su función no es apagar incendios, sino provocarlos. En lugar de extintores emplean lanzallamas, porque su trabajo consiste en quemar libros, en reducir a cenizas hasta la última página impresa que caiga en sus manos.

Son una nueva clase de policía política, consagrada a la destrucción del patrimonio literario de la humanidad, para así proteger el Nuevo Orden imperante. Montag es miembro de esta curiosa versión de la Gestapo o la KGB. Pero, a pesar de la propaganda con que se   bombardea constantemente a la población, a pesar del sutil pero continuo lavado de cerebro a que es sometida la gente por medio de la televisión, Montag se hace preguntas y alberga en lo más íntimo de su ser terribles dudas sobre esa sociedad, aparentemente feliz, a la que sirve.

Un día, durante un servicio, sin saber muy bien por qué, coge uno de los libros que debía destruir y lo oculta bajo sus ropas. Ese gesto marcará su vida para siempre. Porque desde el momento en que comience a leer, furtivamente, con miedo, pero cada vez con más ansia, Montag ya no volverá a ser el mismo

Es una novela distópica, publicada en 1953. El título hace referencia a la temperatura en la escala de Fahrenheit (°F) a la que el papel de los libros se inflama y arde, equivalente a 233º C. La película homónima de 1966, basada en dicha novela, fue dirigida por François Truffaut. Años después Michael Moore utilizó ese título, transformado, para uno de sus documentales, algo por lo que Bradbury protestó.[

La narración transcurre en una ciudad ficticia, donde un estado totalitario infunde en sus ciudadanos la creencia de estar viviendo bajo un régimen que busca su felicidad, manteniéndolos en la ignorancia, y haciéndoles olvidar el acerbo cultural que se había logrado acumular a través de los siglos.  

Esto, era logrado mediante el bombardeo continuo de información errónea que incitaba al consumismo y a la violencia; y, especialmente, en la prohibición de poseer libros o conocimientos que le permitiera al individuo pensar por sí mismo, cuestionar, tomar decisiones e impulsarlos a una acción individual y colectiva. 

Para esto existían los bomberos, quienes en lugar de extinguir el fuego, lo provocaban para deshacerse de los libros que poseyera cualquier ciudadano.   Para auxilio de los bomberos había también una especia de máquina, que funcionaba como un perro y que sigilosamente era capaz de matar a quienes desobedecieran e intentaran escapar.

Montag es uno de esos bomberos. Quien se encuentra convencido de que su función es la correcta, sumido también en esa falsa creencia de felicidad, hasta que se encuentra con Clarisse; una joven distinta, capaz de observar y sorprenderse por todo lo que la rodea y sobre todo de cuestionarse.  Los breves diálogos que mantiene con ella lo llevan a dudar también acerca de su vida y de la función que cumple. Poco a poco, comienza a darse cuenta de que lo que antes le parecía normal ya no lo es, y esa sensación se ve reforzada por la desaparición de esta chica y su familia. 

La añoranza por leer de viejos libros volvió a él, el deseo de recordar una vida anterior, normal, sin información que desvié la atención. Eso lo lleva a revelarse contra el sistema y el cuerpo de bomberos al que pertenece; contra su jefe Beatty, quien cumple a rajatabla con los preceptos utópicos del gobierno y contra su mujer: Mildred, quien está totalmente confiada en el sistema. Es así que comienza a buscar información y conocimientos, y recuerda a un viejo profesor, Faber, con el que una vez se había topado y llega hasta él, para finalmente verse convertido en un prófugo. 

De esta forma, se ve perseguido y amenazado de muerte por el sabueso que lo busca incansablemente, hasta que logra escapar de la ciudad y emprende un nuevo camino junto a otras personas; la gran mayoría académicos que fueron relegados de la sociedad al no ser ya necesarios para transmitir enseñanzas y conocimientos. Conocimientos que se habrían perdido definitivamente si éstos no hubieran mantenido dentro de sí, en sus memorias, la información que fue quemada con los libros, y siendo ellos mismos como libros ambulantes: la única forma de preservar, para las generaciones venideras, los conocimientos que se fueron perdiendo con el tiempo.

Montag dejó todo atrás: su vida, su mujer -totalmente inmersa y obediente al sistema-, y esa creencia en las que había confiado hasta hacía muy poco, para recuperar su libertad de pensar, cuestionar y tomar decisiones; para decidir qué camino seguir y para ser feliz por sus propios medios.  Su liberación del régimen coincidió con el inicio de la guerra que ahora se aproximaba a la ciudad ficticia. 

Pese a su atmósfera apocalíptica, nos deja un rastro de esperanza; no todo estará perdido mientras la gente posea la memoria para albergar las palabras y el conocimiento que pueda transmitirse oralmente, de generación en generación.

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