MISERICORDIA (Benito Pérez Galdos)

galdos1Benito Pérez Galdós (Las Palmas de Gran Canaria, 10 de mayo de 1843 – Madrid, 4 de enero de 1920). Escritor español, representante de la novela realista española del siglo XIX. Académico de la Real Academia desde 1897 y nominado al Premio Nobel en 1912.

Hijo de Sebastián Pérez, teniente coronel del Ejército y de Dolores Galdós. Desde niño fue aficionado a la música, al dibujo y a la literatura. Es en opinión general, el mayor novelista español después de Cervantes.

Estudió en el Colegio de San Agustín de su ciudad y colaboró en el periódico local El Ómnibus. Al terminar sus estudios en 1862, se traslada a Tenerife para estudiar el Bachiller en Artes, y posteriormente se marcha a Madrid para estudiar Derecho. Allí acude a las tertulias del Ateneo y los cafés Fornos y Suizo, donde frecuenta a intelectuales y artistas de la época., conoce a don Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza, quien le alentó a escribir y le orientó hacia el krausismo. Durante los primeros años de su estancia en la corte frecuentó redacciones y teatros. Escribió en La Nación y en El Debate.

Poco después de la muerte de su padre y mientras trabajaba como articulista para La Nación, Benito Pérez Galdós emprendió la redacción de los Episodios Nacionales, probablemente inspirado en los relatos de guerra de su progenitor, que había participado en la guerra contra Napoleón. El éxito inmediato de la primera serie, que se inicia con la batalla de Trafalgar, lo empujó a continuar con la segunda, que acabó en 1879. En total, veinte novelas enlazadas por las aventuras folletinescas de su protagonista.

Durante este período también escribió novelas como Doña Perfecta (1876) o La familia de León Roch (1878), obra que cierra una etapa literaria señalada por el mismo autor, quien dividió su obra novelada entre «Novelas del primer período» y «Novelas contemporáneas». Este segundo grupo se inicia en 1881, con la publicación de La desheredada.

Según confesión del propio escritor, con la lectura de La taberna, de Zola, descubrió el naturalismo, lo cual cambió la manière de sus novelas, que incorporarán a partir de entonces métodos propios del naturalismo, como es la observación científica de la realidad a través, sobre todo, del análisis psicológico, aunque matizado siempre por el sentido del humor.

En 1886, a petición del presidente del partido liberal, Sagasta, fue nombrado diputado de Puerto Rico, cargo que desempeñó hasta 1890, con el fin de la legislatura liberal y, al tiempo, de su colaboración con el partido.

También fue éste el momento en que se rompió su relación secreta con Emilia Pardo Bazán e inició una vida en común con una joven de condición modesta, con la que tuvo una hija.

La labor de Benito Pérez Galdós fue la de transformar el panorama novelesco español de aquella época. Dejó al lado el romanticismo y avivó el realismo español, dotando tanto de una gran expresividad a la narrativa como de nuevas formas aptas para el entendimiento del mundo y de la obra.

MISERICORDIA (1897)

Es un retablo de la miseria de Madrid, en sus infinitas gradaciones. A la par que un retrato del ser humano: capaz de abnegación sin límites y de ingratitud igualmente infinita.

La protagonista es la señá Benina, criada de lo que en tiempos fue una casa acomodada pero que, dado el mal gobierno del ama de la casa, ha acabado en la pobreza más vergonzante. Benina, apegada a la familia como si fuera la propia, sale cada día a pedir limosna, para que no falte lo elemental, pero encubre su dedicación a la mendicidad ante los ojos de su señora fingiendo que va a trabajar como cocinera a casa de un cura.

Mientras Benina corre de la ceca a la meca pidiendo, tapando deudas y haciendo malabares para poder comer, todavía tiene tiempo y moral para ayudar a los que están aún más desfavorecidos que ella. Y en sus ratos libres fantasea junto a su ama con que un golpe de fortuna les devuelva a su primitivo estado. Y en efecto la fortuna se acuerda de ellas y doña Paca, la señora, recibe una herencia que le permite volver a la vida acomodada de sus primeros años. Por desgracia no hace partícipe de su riqueza a Benina, que se marcha de la casa y sigue con su vida de mendicante, pero resignada y feliz.

Pero aparte de la historia, que interesa y engancha, está ese modo de escribir de Galdós. Los diálogos vivos, que reflejan la condición social del hablante, las descripciones escuetas pero magistrales.

En muchas de sus novelas y especialmente en Misericordia, Galdós se sirve del espacio como una forma más de dotar de una mayor dimensión significativa a sus personajes. Será intencionado el emplazamiento de la acción de la obra en una zona concreta de Madrid, no sólo por su posible interpretación socio – histórica, sino también por una serie de implicaciones simbólicas que propician el reconocimiento de valores sociales y espirituales de la España de fin de siglo.

Galdós disecciona la sociedad, el espacio que la constituye, y dibuja una España decadente, donde la doble moralidad burguesa, con todas las hipocresías y bajezas, es la que rige los designios de la sociedad.

Para documentarse, se paseó por los entresijos de la vida madrileña.

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Una pastelería en Tokio (An)

una pasteleria en tokio113 min. | Drama

Público apropiado: Jóvenes

Año: 2015

Países: Alemania, Francia, Japón

Dirección: Naomi Kawase

Intérpretes: Masatoshi Nagase, Kirin Kiki, Kyara Uchida, Miyoko Asada,Etsuko Ichihara, Miki Mizuno

Argumento: Durian Sukegawa (novela)

Guión: Naomi Kawase

Música: David Hadjadj

Distribuye en cine: Caramel Films

Sinopsis

Sentaro (Masatoshi Nagase) trabaja en un humilde negocio Tokio. Cada día acude a una pequeña caseta en donde prepara un dulce típico del país, el dorayaki, que sirve en silencio a los pocos clientes que lo solicitan. Un día una singular anciana llamada Tokue (Kirin Kiki) le pide trabajo y le asegura que podrá cocinarle muy bien el anko, las pasta de judías con que se rellenan los dorayakis. Sentaro se queda atónito ante tal petición, pero las palabras favorables de una jovencita (Kyara Uchida), cliente habitual, y el delicioso anko que prueba de manos de la anciana, le empujan a contratarla. Los clientes no tardarán en agradecer el cambio, y entre el hombre, la anciana y la jovencita se establecerá un vínculo especial.

Delicada película japonesa de la directora Naomi Kawase (1969), de amplia trayectoria en su país y dada a conocer en occidente a raíz de su film  Aguas tranquilas. Con parsimonia oriental va desplegando su historia Kawase, autora también del guión, escrito a partir de la novela de Durian Sukegawa. Presenta así a sus personajes con pocas palabras, con sugerencias más que con hechos, trozos de vida en donde apenas se incoan dolores del pasado, sufrimientos interiores. Porque los tres personajes guardan eso en común; el de haber sufrido el zarpazo de la soledad, de no encontrar su propio camino.

Con un rodaje sin alardes técnicos, Kawase logra acercar su mundo al espectador, un mundo que habla a gritos de la injusticia y del dolor, y de cómo, paradójicamente, gracias a él las almas de los enfermos pueden captar la realidad, el mundo, su belleza, con una sensibilidad extraordinaria. Hay en el que sufre la capacidad de ofrecerse a los demás, un ojo especial para captar la tristeza ajena, para comprender y así acompañar, y poner alegría donde sólo hay desasosiego. “Lo importante en llenar de sentido la vida de los demás”, se dice en el film. Y no importa la edad para esa sabiduría.

Aunque de modo sobrio, velado, de nuevo una película que toca el tema pecuniario sirve para conectar a las personas, para llenar los huecos que faltan y para mostrar la riqueza de la vida. La metáfora del sabor, del misterio, funciona. Y especialmente en Una pastelería en Tokio Kawase transmite sabiamente esa visión oriental acerca del respeto y la armonía con la naturaleza, la conexión misteriosa entre los seres vivos, donde la trascendencia tiene también su sitio.

 

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La puerta de los ángeles (Penelope Fitzgerald)

la puerta de los angelesAutora: Penelope Fitzgerald

Editorial: Impedimenta. (Madrid, 2015)
231 págs.
Traducción: Jon Bilbao.

 

Impedimenta publica, por primera vez en castellano, una novela con que la inglesa Penelope Fitzgerald (1916-2000) fue finalista del Booker Prize (premio que obtuvo en 1979 con Offshore).

Fred Fairly es profesor de Física en St. Angelicus, un ficticio college de Cambridge con varios siglos de historia, que no permite la entrada de mujeres dentro de sus muros, por lo que sus miembros deben permanecer solteros. A causa de un extraño accidente en bicicleta, conoce a Daisy, una joven enfermera de la que se enamora. Si sigue los dictados de su corazón perderá su puesto de trabajo. Si guiado por la cabeza, permanece en el Angelicus, se quedará sin la chica, quien por su actuación con un enfermo suicida es bautizada por un periódico local como un ángel de la guarda.

Puede parecer el argumento de una simple novela romántica. Y lo es. Pero solo hasta cierto punto. Bajo un ropaje aparentemente sencillo, Fitzgerald ha escrito una novela con una gran carga intelectual que lejos de disminuir el interés de su lectura, lo aumenta. La autora, como demuestra, es muy hábil para sugerir problemas, pero no proporciona las claves para resolverlos o, al menos, no lo hace de manera explícita.

La acción transcurre a comienzos del siglo XX en la universidad inglesa. El incipiente descubrimiento de Rutherford, profesor de Cambridge, de la estructura interna del átomo en 1911, conduce al modelo atómico del mismo nombre. Los científicos se debaten entre aceptar la existencia de una partícula invisible, que constituye el fundamento de la materia, o negar su realidad por ser inobservable.

Para algunos, entre los que se encuentra el profesor Flowerdew, que es quien contrata a Fred como ayudante, “basar los cálculos en aspectos inobservables –como Dios, como el alma, como el átomo, como las partículas elementales– no era más que una forma de autoconsuelo. Y los científicos no tendrían que dejar llevarse por esos extremos”. Más bien, “deberían admitir el error y retroceder hasta lo que se puede conocer mediante los sentidos. Si no basan sus teorías en hechos demostrables, sus afirmaciones tienen el mismo valor que las simples habladurías”.

Fred sufrirá una crisis de fe llevado por su inicial cientificismo. Su padre es párroco de la Iglesia anglicana, una paradoja muy del gusto de la autora. La fe supondría para Fred un insulto a la inteligencia. “En cuanto algo se describe en su totalidad, ya no alberga el misterio, se convierte en algo ordinario”. Fred se siente liberado de toda idea que no pueda verificarse a partir de la experiencia física.

Sin embargo, el amor que siente por Daisy hace que se tambaleen todas sus convicciones. Puede que no haya causalidad en el universo, pero admite la determinación universal de que Daisy fuese suya. La clase que Fred imparte a sus alumnos en la que les pide que conciban un sistema racional para medir la felicidad humana es sencillamente magistral y un reconocimiento de que hay preguntas que trascienden el ámbito científico y cuyas respuestas nos afectan vitalmente, mucho más que el descubrimiento de la estructura interna de cualquier partícula.

Lo mejor de la novela son los inteligentes diálogos sobre la naturaleza del conocimiento científico y los límites de su método, que constituyen el verdadero tema de la novela. Cómo se puede plantear, de manera interesante, un tema de carácter epistemológico, sirviéndose de una historia de amor, es algo que solo está al alcance de unos pocos escritores del talento y la inteligencia de Fitzgerald.

La puerta de los ángeles es el título de la novela y el nombre de una puerta de origen misterioso en los muros del St. Angelicus. Quizá también una imagen de que hay realidades más allá de la ciencia sobre las que esta no puede decir nada y un guiño acerca de la verdadera identidad de Daisy.

Fuente: Aceprensa

 

 

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La política del hijo único en China… y en Europa (Pablo Alzona)

chinaEl Gobierno chino abandona la llamada “política del hijo único”, medida que llevaba 36 años en vigor, muchas veces impuesta con medios brutales. Esta política había limitado el crecimiento de la población, pero también había creado graves desequilibrios demográficos. En Europa, sin ninguna imposición estatal, en no pocos países la natalidad está por debajo de la de China, situación que también debería preocupar.

El 29 de octubre, el gobierno chino anunció un cambio en la política de natalidad: el límite impuesto en 1979 se sube de uno a dos niños por pareja. El  comunicado hecho público tras una sesión plenaria del Comité Central del Partido Comunista no detallaba cómo se aplicaría la nueva política, pero sí exponía los motivos: “Promover un crecimiento de la población equilibrado, ligado a una política básica estatal de planificación familiar, e impulsar una estrategia de crecimiento de la población”.

Un precipicio demográfico

En un   artículo para China Economic Quarterly, Wang Feng, experto en demografía china de la Universidad de California, explica cómo muchos advertían desde hace años la deriva de China hacia un “precipicio demográfico”. Una realidad que no encaja con el pronóstico que en su día debió de hacer el líder chino Deng Xiaoping cuando implantó el límite de un solo hijo. El régimen impuso esta política durante 36 años, recurriendo cuando era preciso a penalizaciones económicas unas veces y otras mediante prácticas inhumanas como abortos o esterilizaciones forzadas.

Todo indica que las predicciones que motivaron esta política no eran realistas. Los políticos de Pekín pensaron que el rápido crecimiento demográfico de los años 50 y 60 traería un retroceso para el país, dejándolo atrapado en la pobreza. Ciertamente, las décadas posteriores a la imposición del mecanismo trajeron crecimiento y una mejora del nivel de vida para China. “¿Qué crecimiento hubiera existido si la natalidad no se hubiera regulado?”, se preguntaban ufanos los políticos. A lo que Ben Chu, en un artículo para The Independent, respondía que, posiblemente, “China hubiera seguido creciendo sin esa regulación”. En realidad, China empezó un crecimiento económico sostenido cuando abandonó los mecanismos de la planificación socialista y se abrió a los de mercado.

Además, la “política del hijo único” ha probado ser un arma de doble filo, nociva a largo plazo. “China se hará vieja antes de hacerse rica. Lo que ahora amenaza impedir el avance económico no es el exceso de población, sino la escasez de población en edad laboral”, dice Chu. Los informes demográficos publicadas por la ONU en julio pasado estimaban que China perdería alrededor de 28 millones de habitantes entre 2015 y 2050. ¿Cambiará la nueva medida este panorama? Para Wang Feng, no es muy probable: “China tendrá que convivir durante las próximas décadas con las consecuencias de esta costosa política”.

En Occidente, barreras invisibles

Curiosamente, en muchos países europeos donde no existen estas barreras oficiales contra la natalidad, la tasa fecundidad es muy similar a la de China, o incluso más baja.

En China, con las excepciones admitidas a la política del hijo único en el campo o para las minorías, la tasa de fecundidad es de 1,4 hijos por mujer. En la Unión Europea, ocho países están por debajo de ese nivel. Por ejemplo, Portugal está en 1,28, España en 1,32 y Alemania en 1,38, según el informe  Word Population Prospects de la ONU. En estos países, donde no existen políticas estatales que restrinjan la natalidad, parece haber otro tipo de barreras, invisibles, que impiden que crezca.

Todos condenan los brutales mecanismos de regulación del Gobierno chino –“una de las políticas más controvertidas y costosas de la historia de la humanidad”, decía Wang Feng– pero pocos se atreven a preguntar por esas otras barreras, que no se ven.

En 1957, alguien comentó al canciller alemán Konrad Adenauer que una futura caída de la natalidad podría poner en peligro el sistema de pensiones de la República Federal. En un alarde de confianza en la solidaridad entre generaciones, Adenauer afirmó que “la gente siempre tendrá hijos”. Algo parecido a lo que debió pensar, años después, el estadista chino Xiaoping al ordenar el control de la natalidad.

Lamentablemente, los augurios no se cumplieron en ninguno de los dos casos. Basta echar un vistazo a las pirámides de población del año 2014, elaboradas por Index Mundi. El porcentaje de población de ambos países entre 0 y 14 años es parecido, aunque la escasez es mayor en  Alemania: un 13% frente al 17,1 % de China. En cuanto al envejecimiento de la población, este es un problema más alemán que chino, al menos por el momento: un 21% de los alemanes ya son mayores de 65 años. La edad media de la población china es actualmente 37 años, frente a los 46,2 de Alemania; y las proyecciones para 2050 estiman el 49,6% en China y el 51,4% en Alemania.

El aporte de los inmigrantes

En ambos países se observa un descenso de la natalidad que, en el caso de China, responde en buena medida a la política antinatalista. Pero en Alemania y en otros países europeos, las causas del descenso de la natalidad son más difusas.

En respuesta a este drástico descenso, la acogida masiva de inmigrantes en Europa parece ser la forma más sencilla de rejuvenecer la población a corto plazo. Si la edad media del europeo que vive en su país es de 43 años, la del inmigrante es de 35. Pero haría falta una inmigración masiva para compensar la escasa natalidad de los europeos de origen. Además, aunque al principio los inmigrantes tengan tasas de natalidad superiores, la tendencia lleva a acomodarse al estándar europeo.

Al mismo tiempo, muchos Gobiernos llevan años promoviendo medidas para incentivar natalidad entre los propios europeos: subsidios económicos para los padres que cuidan a los niños en casa, reducciones de impuestos, guarderías subvencionadas… Tal y como señala The Economist, en Francia –cuya tasa de fecundidad es de 2,01– y Suecia –tasa de 1,91– estas medidas parecen haber dado su fruto. Sin embargo, en muchos otros casos los incentivos económicos siguen sin ser suficientes para levantar esas barreras invisibles, tal vez más relacionadas con los valores y las ideas.

Fuente: Aceprensa

 

 

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Svetlana Alexiévich, premio Nobel de Literatura 2015

premio

El fin del “homo sovieticus” (Adolfo Torrecilla)

En forma de crónicas, reportajes literarios, novelas y obras de teatro, la autora ha abordado en sus libros las consecuencias de algunos acontecimientos históricos del siglo XX en la población civil soviética, como han sido la Segunda Guerra Mundial, la guerra de Afganistán, el desastre nuclear de Chernóbil en 1986 y el proceso de descomposición de la Unión Soviética.

Alexiévich combina periodismo y literatura para dar forma a una singular “novela colectiva” en la que cede la voz a numerosos testimonios individuales

La autora está enfrentada al gobierno de su país, presidido por Alexandr Lukashenko (de hecho, no ha recibido ninguna felicitación oficial) y también al régimen de Putin. Al recibir el premio Nobel, la autora ha afirmado que respeta el mundo ruso de la literatura y de la ciencia, “pero no el mundo de Stalin y de Putin”.

Para ella, una misión de la literatura y del periodismo es combatir los efectos del poder totalitario. Entre las principales influencias que ha recibido destaca la obra del escritor Alexandr Solzhenitsyn y la del periodista polaco Ryszard Kapuściński.

Periodismo documental

Alexiévich comenzó trabajando como profesora de historia, aunque después de finalizar sus estudios en la Facultad de Periodismo de Minsk ejerció de redactora en diferentes medios de comunicación de su país. Su primer libro es de 1983, La guerra no tiene rostro de mujer, en el que aborda los testimonios de mujeres rusas que vivieron y padecieron la Segunda Guerra Mundial. Fue prohibido en principio por el gobierno soviético, pero se pudo publicar en 1985 con los nuevos aires que trajo la perestroika. El libro tuvo una excelente acogida y una exitosa adaptación teatral convirtió a Alexiévich en una escritora popular. La editorial Debate lo publicará en español dentro de pocos meses.

La autora combina en sus obras el periodismo y la literatura con el objetivo de dar forma a una singular “novela colectiva” en la que, tras un largo trabajo de documentación y de entrevistas personales, se cede la voz literaria a numerosos testimonios individuales. De 1985 son también otros dos libros escritos bajo esta misma técnica: El hombre rojo. La voz de la utopía, dedicado a mostrar las graves catástrofes colectivas que provocó en la URSS la Segunda Guerra Mundial, y Últimos testigos, conjunto de relatos más literarios en los que los protagonistas son los niños que vivieron aquella guerra.

Cronista de tragedias colectivas

La finalidad periodística y testimonial de su obra se aprecia también en el tema de una de sus obras más valoradas, Los chicos del zinc (1989). Describe las consecuencias de la guerra de Afganistán basándose en entrevistas de la autora con veteranos, sus mujeres y viudas.

La investigación periodística y el análisis histórico se dan la mano en Hechizados por la muerte (1993), un agudo reportaje literario que conecta con su crítico análisis del comunismo soviético. El libro analiza los numerosos suicidios que tuvieron lugar en la URSS tras la caída del mito socialista.

En 1997 publicó Voces de Chernóbil, el único libro traducido al castellano hasta la fecha, publicado en 2006 en la editorial Siglo XXI y en 2014 en Penguin Random House. La autora se sirve de numerosas entrevistas para mostrar el alcance del desastre de la central nuclear en 1986. Este libro recibió en 2005 en Estados Unidos el premio del Círculo de Críticos.

Las cicatrices del totalitarismo

Su último libro publicado es Tiempo de segunda mano (2014), que ha aparecido a la vez en ruso y en alemán. En Alemania ha conseguido el Premio de la Paz de los libreros; en España lo publicará próximamente la editorial Acantilado. El libro vuelve a centrarse en la que sea quizá la principal obsesión literaria y periodística de la autora: el fin del “homo sovieticus”.

Para la autora, los rusos no estuvieron en su momento preparados para afrontar con garantías la revolución bolchevique: de ahí su fracaso y la deriva totalitaria; pero tampoco estuvieron preparados para el reto que supuso la perestroika de Gorbachov ni para la caída del régimen, la posterior disolución de la URSS y la llegada de una tibia y deficiente democracia. Alexiévich habla de la escasa experiencia democrática y de libertad que han tenido los rusos y cómo esa carencia marca el actual derrotero de la política rusa del presidente Putin.

Sin ambages, la autora describe el fracaso colectivo de la utopía comunista y las numerosas cicatrices que ha dejado en la población rusa y del resto de las repúblicas soviéticas, que fueron educadas en una férrea ideología estatalista y totalitaria donde la libertad estaba siempre bajo sospecha.

Fuente: Aceprensa

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LAS HIJAS DE ZALMAN (Anouk Markovits)

Hijas de Zalman, Las_135X220BIOGRAFÍA

Anouk Markovits. de nacionalidad francesa,  y residente en los Estados Unidos, nació en el seno de una familia jasídica satmer (de origen rumano). Siendo muy joven (a los 19 años), se fue a Estados Unidos huyendo de un matrimonio concertado. Allí estudió en universidades como Columbia, Harvard o Cornell, obteniendo la licenciatura en Arquitectura y el doctorado en Literatura Románica. Su primera novela es Pur Coton (publicada en 1989), escrita en francés. Las hijas de Zalman (cuyo título original es I am forbidden) es su primera novela en inglés.

Con Las hijas de Zalman, su segunda novela, fue nominada al Fémina y al Wingate.

En la medida en que es la propia autora, quien huyó de esa situación a los 19 años, la obra supone un logro increíble al conseguir sepultar lo autobiográfico bajo una ficción de casualidades imposibles, pero bien engarzadas, de sacrificios, de desprecio, de traiciones interiores y de destinos fragmentados por la lucha entre rebelión y conformidad. Resignarse o romper. Obedecer o huir. Someterse o respirar.

“Si hubiera escrito unas memorias solo podría explicar mi historia, la historia de la chica que se fue, cuando lo que realmente me interesaba era hablar de los que se quedan”. Y dibujar ese universo, el de los que se quedan, es su mérito.

LAS HIJAS DE ZALMAN

Solemos tener una imagen distorsionada de los judíos ultraortodoxos, que se reduce a menudo a algo puramente visual: largos abrigos negros, sombreros típicos y tirabuzones alambicados. Pero más allá de esa imagen, hay un mundo desconocido y sorprendente. Las hijas de Zalman descubre desde dentro la realidad de las comunidades jasídicas en el mundo occidental.

La novela comienza en la Europa del Este, entre Hungría y Rumanía, donde existen comunidades de jasidines que han de enfrentarse a las persecuciones nazis. Zalman Stern, líder de la comunidad jasídica satmer, está casado con Hannah; tienen una hija, Atara. También se unirá a la familia la niña Mila, salvada gracias a la intervención de otro niño judío, Josef, testigo del asesinato de su familia a manos de un “guardia de hierro” rumano. Con el paso de los años, las familias arreglan el matrimonio entre Josef y Mila.

Un momento clave en la novela es cuando Atara contraviene el sábado con Mila, montando en bicicleta en los jardines de Luxemburgo, ya que la familia se ha traslado a París huyendo de los nazis. Zalman, al enterarse, actúa con una dureza extrema por haberse roto lo más sagrado de la tradición judía y la reacción de Atara es de rechazo total a esas tradiciones que ya lleva tiempo cuestionando. Este incidente es el punto final de un proceso que les lleva a replantearse la verdad de las interpretaciones rabínicas.

La parte más interesante de la novela es la vida de Mila, quien se enfrenta a una situación moral personal difícil de soportar y de la que no sabe cómo salir.

La novela es sorprendente; atrapa al lector y le sumerge en el mundo donde viven estos judíos, aislados voluntariamente del exterior, porque fuera está para ellos el mal. Para un extraño a estas tradiciones, lo que se muestra es un mundo opresivo, lleno de múltiples mandatos, de prohibiciones, con una visión negativa de muchas cosas sencillamente buenas. Pero en ese mundo, estos personajes viven orgullosos de su situación, esperando un Mesías que habrá de venir mientras expían constantemente sus pecados. Los sentimientos de los variados personajes, delicadamente expuestos, están bien trazados.

 

 

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El arte de la fuga (Vicente Valero)

EL ARTE DE LA FUGAPoeta de una sólida trayectoria, Valero sorprendió el año pasado con una original novela, Los extraños, dedicada a rastrear en las historias de familiares perdidos y olvidados.

Este volumen, su primer libro de relatos, contiene tres narraciones dedicadas a tres escritores de diferentes épocas y características.

El protagonista del primero es San Juan de la Cruz en los últimos momentos de su vida, cuando llega muy enfermo a Úbeda desde su retiro de La Peñuela y es acogido en un convento.

El segundo está dedicado al poeta Friedrich Hölderling, también en un momento crítico de su vida, cuando regresa a Stuttgart después de abandonar precipitadamente Burdeos y se encuentra al borde de la locura.

El tercero se centra en un episodio de la vida del portugués Fernando Pessoa, en el momento en el que “descubre” sus heterónimos. Con un estilo sencillo y poético, Valero convierte en literatura esos instantes que condensan sus vidas y su literatura.

 

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